Programa Minimo De Liberacion Humana

Programa Minimo De Liberacion Humana

Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan

Tratado de ateología, Michel Onfray, trad. Luz Freire, Barcelona, Anagrama, 2006, 256 pp., 16 [euro].

En una primera mirada puede sorprender la persistencia de las religiones en el mundo; no tanto su aparición, que puede explicarse como respuesta hacia lo desconocido que rodeaba al hombre en un momento en que no disponía de los instrumentos mínimos con que responder al universo que le circundaba. Que el paso del tiempo reforzara la mentalidad animista con el desarrollo y establecimiento de religiones oficiales puede extrañar. Lo que las religiones hacen es utilizar dicha mentalidad para establecer una serie de valores y una estructura política determinada que, lejos de liberar a las personas, las sojuzgue, eso sí, ofreciéndoles un consuelo y un espanto futuros.

Michel Onfray se hi atrevido a escribir un saludable tratado a favor del ateísmo (que personalmente habría preferido más panfletario. Hay ciertos temas que se adecuan al panfleto y este es uno de ellos). Y digo atrevido porque, por razones poco explicables, el silencio sobre el ateísmo sigue presente aún hoy. A lo largo de la historia muchos han sido ateos, pero pocos lo han declarado explícitamente. Concita más odios el ateo que el que se declara agnóstico, no creyente o tibio.

Sánchez Ferlosio titula un libro suyo de ensayos Mientras los dioses no cambien, nada ha cambiado, y acierta en el centro del problema. De nada sirve proponer una sociedad laica si los fundamentos no cambian. De nada sirve negar la existencia de dios seguimos creyendo en un Universo creado, o en la radical distancia que separa a los hombres de los simios, o si aceptamos el creacionismo, o negamos el materialismo como explicación científica veraz. Pero también si basamos el sistema político en el modelo teocrático que formulan las religiones. No se trata únicamente de que el rey no es el representante de Alá en la tierra ni descendiente de Mahoma que algunos países islámicos proponen, tampoco se trata de las monarquías europeas, cuya unión con dios está más desdibujada pero no desaparece. La simple separación del poder y de los ciudadanos, la simple aceptación de que hay unas personas designadas para el ejercicio de la política, el mesianismo, el caudillismo, el político como salvador de su país (al estilo de Moisés), la idea del pueblo elegido (y da igual elegido para qué), o los sacrificios presentes para llegar en un futuro lejano al paraíso (político, social, émico o nacional), todos ésos son ejemplos de política que hunde sus raíces en principios religiosos.

La solución no pasa, como algunos pueden creer, por secularizar todas las festividades y ritos religiosos. No hay que hacer bodas ni bautizos civiles, como tampoco sustituir las festividades religiosas por otras seculares. No pasan de ser vulgares remedos de una actitud, la religiosa, que creyendo poder sustituirla no hacen sino reforzarla. ¿Por qué ponen tanto empeño los conservadores en celebrar el día nacional, el de los héroes nacionales, por qué se unen en España la festividad de un apóstol con la del país y asiste el jefe del Estado (o su heredero)? ¿Quizás porque la razón última es religiosa?

Aunque la tarea sea ardua, el camino hacia una sociedad atea pasa por relegar todos los valores religiosos, empezando por la negación del mundo. Aceptemos nuestra finitud para poder aceptar el materialismo como explicación científica y fundamento de una vida humana. Expongamos las falsedades de todas las religiones, su odio al cuerpo y a la vida (no en vano lo mejor para ellas viene siempre después, una vez muertos, una vez que nadie pueda comprobar la veracidad o falsedad de lo que prometen), su inquina contra todo aquello que puede amenazarlas o desestabilizarlas, sobre todo el librepensamiento y el placer. No tomemos partido por alguna en detrimento de otras. En el fondo, no hay elección si ofrecen lo mismo. Digamos que todo el sistema de prohibiciones y rituales de las religiones no es más que un extraordinario mecanismo de tutela y control social. Digamos, por fin, que ateísmo significa sobre todo una vida alejada de toda trascendencia, unos valores de las personas y para las personas que ningún ser ajeno y superior a nosotros nos ha legado; valores que libremente hemos creado y decidido adoptar. Así será posible y efectiva la escuela laica.

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