Pinceladas del caribe tico

Pinceladas del caribe tico

Entre los atractivos que ofrece al turista la provincia de Limón, en el litoral del Caribe costarricense, destacan las localidades de Cahuita, Puerto Viejo y Manzanillo, tendidas a lo largo de los 80 kilómetros de costa que va desde la capital, Puerto Limón, hasta la frontera con Panamá. Cada una de ellas posee una identidad muy peculiar que conquista de inmediato al visitante, haciéndolo vivir una aventura llena de pasión y de exotismo que se ha expresado en notables obras literarias, como Limon Blues, de Ana Cristina Rossi, en la que la geografía, por cierto, es fundamental.

El paisaje caribeño, tan pronto plomizo de lluvia como radiante de sol, es el marco multicolor en el que se ha desarrollado una cultura original y propia, surgida del encuentro y mestizaje de los indígenas originarios de estas tierras, los colonizadores europeos y los africanos traídos de Jamaica el pasado siglo por las compañías bananeras, para trabajar en las enormes fincas de la zona y en la construcción del ferrocarril (a los que habría que sumar también una cierta cantidad de orientales, chinos e hindúes). Esta cultura regional se manifiesta tanto en la lengua, ese dialecto derivado del inglés que se esparció como un soplo en el Caribe, como en la música, en la gastronomía, en la vestimenta y en la misma idiosincrasia de sus pobladores. Uno de los principales grupos indígenas supervivientes de Costa Rica, el bribrí, se asienta en la localidad del mismo nombre, no lejos de Cahuita, dedicado entre otras cosas a la fabricación artesanal de cestería e instrumentos musicales.

Puerto Limón, la capital de la provincia, sigue siendo un puerto relativamente pequeño y somnoliento, más caribeño que costarricense en términos culturales, aunque está incluido ya en los circuitos turísticos de los grandes cruceros del Caribe, que desembarcan periódicamente en sus muelles un torrente de visitantes ávidos de empaparse en el ambiente colorido de la población.

Cahuita está situada 43 kilómetros al sureste de Puerto Limón. Con 1.067 hectáreas, el Parque Nacional de Cahuita se extiende 14 kilómetros por el litoral. Lo componen playas de arena blanca, que enmarcan su hermosura con una exuberante vegetación tropical, en la que destacan las palmas de coco características de estas costas. Manglares y pantanos, y su respectiva fauna, son parte del ecosistema. Un universo aparte está constituido por el arrecife de coral, situado dentro del Parque. La fauna marina, rica en variedad de formas y colores, alberga más de 35 especies de coral, 128 de algas, 44 de crustáceos y 140 de moluscos. Dentro de este paisaje submarino abundan tortugas, langostas, morenas e infinidad de peces. El arrecife cubre una extensión de 240 hectáreas alrededor de Punta Cahuita.

Más allá del bosque tropical y de las playas que conforman el Parque, está el pueblo de Cahuita, cuna de destacados músicos de calipso, herederos de los inmigrantes jamaiquinos que poblaron estas tierras en las primeras décadas del siglo XX. Escribe Tatiana Lobo, en el epígrafe de su novela Calypso, que este es un “ritmo afrocaribeño que narra una historia. Se origina en los informativos clandestinos que los esclavos solían cantar y bailar, para comunicarse las noticias del día y las maldades del amo.” El calipso, como género musical, trasciende la noción de ritmo y melodía aventurándose en el campo de la sátira social o política, habla de mujeres y de intrigas. “Con el calipso, uno puede hacer lo que no sería posible de otra forma: burlarse de la gente de manera que ellos se dan de sí mismos. Se pueden hacer críticas y comentarios formales, pero siempre de una forma humorística”, afirma Walter Gavitt Ferguson, famoso intérprete de calipso de Cahuita, en Las culturas negras de América Central, de Eve Demaziére. Y si el visitante desea partir con algo más que buenos recuerdos, un peinado de trenzas con coloridos abalorios al estilo caribeño es una posibilidad. Manos diestras en el pueblo transformarán rápidamente su apariencia.

El marco natural de las encantadoras playas del Caribe tico lo constituye un bosque tropical húmedo. Dentro de este contexto, la reserva privada Selva Bananito es una tentadora opción para desentrañar los misterios que encierra la selva. Localizada antes de llegar a Cahuita, tomando un desvío de 15 kilómetros por el pueblo de Bananito, la reserva posee una extensión de 850 hectáreas. La riqueza natural de los alrededores se ha visto amenazada, por lo que la reserva se comprometió a proteger el ambiente, compromiso que se materializó al establecer la Fundación Cuencas de Limón, entidad sin fines de lucro que se dedica a conservar las cuencas hidrográficas de la región e impulsar programas educativos. Dentro de los encantos naturales que ofrece Selva Bananito están las cataratas y un bosque primario, más las 300 especies de pájaros identificadas.

Puerto Viejo, 15 kilómetros al sur de Cahuita, ofrece un ambiente festivo y bohemio. Predominan los turistas de sol y playa, entre los que destacan los amantes de deportes acuáticos y emociones fuertes. Las mejores olas están en Punta Cocles, el más importante y concurrido punto de surf de la zona. No obstante, las características naturales propician una variada oferta de deportes para complacer diversos gustos y habilidades, como el windsurf, jetsky, boggie borrad y kayak. Pero en Puerto Viejo la diversión no se limita a los encantos del mar. Las noches hacen vibrar a sus visitantes y a la población local con la cadencia del reggae, el calipso, la salsa y otros ritmos afrocaribeños, que pueden gozarse mientras se saborea alguno de los exquisitos platillos típicos regionales –rondon y agua de sapo, por ejemplo– en los restaurantes y bares del lugar.

Manzanillo está localizado en el extremo sur de la costa. Este pueblo es la antesala del Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca Manzanillo, de gran riqueza ecológica. También constituye el acceso al límite geográfico del territorio costarricense que es Punta Mona. El territorio en el que se ubica es selvático, con una espesa vegetación producto del clima húmedo tropical de la región.

Cualquier zona de Limón que el turista elija visitar le garantiza un paisaje seductor, además de la posibilidad de sumergirse en la fascinante cultura afrocaribeña. Sin olvidar que todos los servicios turísticos que se ofrecen en la región llevan un inconfundible sello de calidad, y de calidez.

* Este publirreportaje, preparado por Archipiélago especialmente para la presente edición de la revista, se publica con el patrocinio del Instituto Costarricense de Turismo-ICT.

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