La poesia como incomunicacion, por fortuna

La poesia como incomunicacion, por fortuna

Vicente Luis Mora

Los papeles rotos. Ensayos sobre poesía española contemporánea, Julián Jiménez Heffernan, Madrid, Abada, 2004,352 pp., 25 [euro].

Una vez le oí decir a Francisco Ruiz Casanova que “la escritura de un crítico es su crítica”. Su sabia afirmación es cierta si el crítico lo es de verdad, porque el reseñismo sólo genera redacción. Pero cuando la escritura crítica mantiene una tensión con el lenguaje, deformado en retorsión para alcanzar un significado, fruto es otra forma de literatura. En castellano, y en España, no podemos decir que estemos ahítos de este género, por lo que debe saludarse la escritura crítica de Julián Jiménez Heffernan, cuyos ensayos sobre poesía moderna y contemporánea han sido recopilados en esta excelente edición de Abada.

No es raro que dedique Jiménez Heffernan un espacio a los heterodoxos españoles, ya que él mismo ha de buscarse en ellos, ya que debe ser el primer crítico expresionista, un Gottfried Benn escribiendo (no como Benn hacía los ensayos, sino los poemas), y es lógico que su objetivo analítico recorra aquellos autores más allá del sentido, o las partes menos claras, de los poetas, como Cernuda, más normalizados. Jiménez Heffernan, anotador del deconstruccionismo de Paul de Man, sabe que es cierta aquella frase de Derrida (“un poema corre siempre el riesgo de no tener sentido, y no sería nada sin ese riesgo”), y desde esa razón fronteriza (Trías) o ardiente (Apollinaire) columbra su escritura. Sabe que la desmembración requiere de un orden previo, y por eso es capaz de explicar de dónde viene la aparente novedad de Vallejo: “el tortilogismo (el lenguaje torcido) de Vallejo se incrusta en una escritura moderna perfectamente torcida y transitable en sus desvíos” (p. 29). Frente a los que han querido conceder a Vallejo un lugar único en la poesía por su intransitable descoyuntación (muy acertada la comparación con la metáfora de Zenón: la incapacidad de dar el primer paso), en realidad el problema era mucho más simple, o complejo: la obra vallejiana tiene unos clarísimos antecedentes sobre los que transita y a los cuales continúa, algo no siempre aceptado; lo difícil era establecer esos mapas de lectura de modo reconocible (según el método de Bloom en A Map of Misreading, 1975), valorar el papel del lenguaje en ese trabajo (p. 68), y quebrar los límites del excesivo biografismo. Creo que Jiménez Heffernan lo ha conseguido con creces, localizando la aportación de Vallejo a partir de “Quevedo, Baudelaire, Rimbaud, Darío, Apollinaire, Huidobro” (p. 60), y delimitando la experiencia de Trilce contenida (pero no exclusivamente cifrada) en la experiencia personal del autor de Trilce. Del mismo modo, en un ejercicio que no sé si recuerda más a Poe que al Barnes de El loro de Flaubert, Jiménez Heffernan rastrea en El loro de Cernuda los antecedentes del poema cernudiano “Estoy cansado”, pero llegando al texto de un modo inductivo, y de ahí viene la mención de Poe, pues eso es lo que se proponía el teatral pero interesantísimo ejercicio de su Método de composición de The Raven.

No sale Cernuda bien parado de estas páginas. Su importancia no hay que buscarla en las frases valorativas a él dedicadas en el libro, sino en datos cuantitativos: Jiménez Heffernan le dedica cuatro de los catorce ensayos y una cuarta parte (104) de las páginas del volumen. Pero la atención está sesgada: no le interesa (ni a casi nadie con ciertos conocimientos) el Cernuda ensayista, cuyos plagios (p. 116) y carencias deja al descubierto; tampoco el Cernuda posterior a Las nubes (1940). En realidad, y en coherencia con lo declarado en el prefacio, sólo tiene en mente al Cernuda fuerte, al poeta capaz de hacer la síntesis española del alto romanticismo, como viera Philip Silver en Ruina y restitución (1996): esto es, al poeta más preocupado en hacer sentido que en tenerlo. De ahí que sea la preocupación por el sinsentido, o la ausencia de preocupación por él, lo que más se valora en otros poetas, como Valente, Ullán o Gamoneda. El sentido es lo que dicen o, aún mejor, lo que dicen sus versos. La literatura, para Jiménez Heffernan y De Man, es un discurso girocéntrico que no necesita interpretación, sino una reescritura excéntrica, en los dos sentidos de la palabra. Si en Valente esa intención (como la obra del poeta gallego) va dirigida hacia el centro, en el acercamiento a Ullán es, claramente, centrífuga. Pero la tensión (lingüística y crítica) es constante –y abrumadora, por qué no decirlo– en todos los casos.

Pocas disensiones podemos tener; de las que no son relativas al puro gusto, destacamos una frase: “este desorden es, para esta tradición neoplatónica, la marca genuina de la libertad humana […] en una tierra que no se distingue del cielo” (p. 122). En realidad, la tradición neoplatónica, que Ficino hace trasladable a la literatura renacentista, mantiene una desigualdad radical entre el suelo, “de noche rodeado,/ en sueño y en olvido sepultado” (Fray Luis, Noche serena), y el cielo, regido por la música de las esferas y el orden divino. El desorden neoplatónico es interior, mientras que en el macrocosmos el hombre contempla el orden, reflejo de Dios, y no de la tierra. Así lo han visto Rousselot en 1907 y E Rico en 1986. Esto daña, creo, la estructura del ensayo “Un mundo cuyo cielo no existe”, ya que la tesis se sustenta hasta el final (p. 136). Es una minucia en 400 páginas llenas de aciertos y hallazgos. La lectura de Jiménez Heffernan es siempre universal. Si Francisco Umbral decía que al sentarse a escribir despertaban mil años de castellano, cuando nuestro crítico se sienta a leer se incorporan tres milenios de cultura occidental en cuatro idiomas, que convierten cualquier página en un palimpsesto que soporta las continuas reescrituras de Jiménez Heffernan; lejos de agotar sus significados, en sus manos los textos se amplían y bifurcan al rodar. Una curiosa especie de El crítico artista de Wilde pasado por el Fedro platónico. Un libro, quizá lo he dicho, esencial para no comprender, por fin, la mejor poesía en castellano del siglo XX.

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