El hotel Libertaria de Casas Viejas

Memoria histórica y negocio turistico: el hotel Libertaria de Casas Viejas

José Luis Gutiérrez Molina

España es un Estado que, independientemente de que sea federal o no, está destinado a ser el destino turístico europeo. De año en año cientos de miles de nuevos edificios se construyen y otros tantos son comprados por empresas, profesionales y jubilados. Cada vez son más los rótulos anunciadores de inmobiliarias inglesas, francesas o alemanas que tienen como clientes a compatriotas de toda condición que buscan en el “Sur” –también Madrid o Barcelona son el “Sur”– el sol, el aire o la “calidad de vida” que les faltan. Ésos son los turistas que vienen a asentarse definitivamente. Además están los “eventuales”. Los que vienen por uno, dos, tres días o una semana máximo. Que vienen con “todo incluido”, pagan en vales, se beben litros de cerveza, o lo que sea, y se tuestan, lado y lado, en una hamaca. El turismo es la máxima expresión de los logros de dos revoluciones industriales, otra política, de la economía capitalista resultante y del llamado “menos malo” de los sistemas sociales conocidos.

Así pues, es natural que el negocio se extienda y llegue a los más insospechados lugares. Todo es susceptible de ser utilizado y consumido. No bastan el sol, la playa o las bebidas alcohólicas para atraer a la gente. Hay que darle “algo más”. Es lo que se llama “turismo de calidad”. Montaña por playa, SPA y resorts por hoteles y apartamentos, campos de golf por los paseos en burro. También se mira con atención el pasado: el “legado andalusí”, los bandoleros, etc. Cualquier cosa susceptible de ser utilizada lo es. Incluso los muertos o la llamada “recuperación de la memoria histórica”, las acciones que buscan sacar a la luz la historia oculta de la Guerra Civil española y la represión de cuarenta años de franquismo sometida a una ducha de olvido durante la llamada Transición.

A principios de agosto, quienes todavía leemos la prensa nos sorprendimos con la noticia de que en Casas Viejas (Cádiz) se iba a abrir en otoño un hotel, y un espacio cultural anejo, junto al solar en el que, en enero de 1933, tuvo lugar el asedio y la quema de la choza de la familia Seisdedos, con todos sus ocupantes, y el posterior asesinato de una docena de detenidos. Unos hechos que han tenido una repercusión tal que se han convertido en uno de los referentes de las luchas sociales en España. Un elemento simbólico demasiado gustoso para que quedara fuera de los apetitos de la mayor industria del país: el turismo.

En la presentación del proyecto hotelero, que tuvo lugar en Cádiz a fines de julio, se dejó claro, según la prensa, que se trataba de una iniciativa que pretendía ser, para el sector turístico, un referente, nacional e internacional, de calidad y singularidad. Además, se resaltó que estaba situado en el mismo lugar donde había tenido lugar “la última revuelta anarquista del mundo”. El hotel, de cuatro estrellas, se iba a llamar “Libertaria”, en referencia a una de las supervivientes de la matanza, y contaba con el apoyo del alcalde de la población, el socialista Francisco González Cabaña, y la Unión Europea a través de su inclusión en el programa regional Leader Plus de Andalucía. Inmediatamente surgieron las protestas. La Federación Local de la CNT de Jerez de la Frontera (Cádiz) hizo pública una nota en la que manifestaba su rechazo a que la figura de María Silva Cruz y la memoria obrera, y libertaria en particular, fueran utilizadas por “una especie de Molino Rojo … y negro”. Los cenetistas también criticaban que el hotel formaba parte de “un contexto de especulación y crecimiento urbanístico insostenible” que había sido denunciado por suponer un incremento desmesurado de la superficie urbanizable en beneficio del sector turístico.

Durante los días siguientes, a través de Internet se fue propagando la noticia y surgieron las primeras propuestas de responder a un proyecto que mostraba la faz más reductora del turismo. Finalmente, los días 21 y 22 de agosto, la edición andaluza del periódico El Mundo dedicó toda una página a la cuestión dando abundantes detalles sobre el hotel –con habitaciones llamadas “Utopía”, “Casas Viejas” o “República”– y el proyecto de realizar una acción temática en la zona de la matanza. Un día más tarde, en las páginas del mismo diario, Juan Pérez Silva, hijo de María “La Libertaría” y del también periodista confederal Miguel Pérez Cordón, declaraba que le parecía una falta de respeto para con su madre y que le dolía que nada se le hubiera dicho. A partir de entonces se fueron sucediendo los comentarios de articulistas y escritores. Primero en Andalucía y después, a raíz de su publicación en la edición nacional de El Mundo, en otras partes del Estado. En la mayoría de ellos se expresaba desde el estupor a la indignación.

Durante las semanas siguientes a la denuncia se pasó a la acción. A principios de septiembre, la CGT tuvo una reunión con González Cabaña y el promotor del hotel en la que se plantearon una serie de peticiones que apuntaban a suprimir del negocio cualquier tipo de referencia a los sucesos de Casas Viejas y, en concreto, a “La Libertaria”, y a que la fundación no fuera privada sino publica. Unos días después, fue la CNT la que tuvo otra entrevista. De ellas resulta que el empresario, con el consejo del alcalde y presidente de la Diputación gaditana, aceptaba cambiar el nombre del hotel, aunque no del espacio; que lo de la fundación pública quedaba aparcado, a pesar de los rumores que corrieron sobre la creación de una encabezada por el Ayuntamiento y de una supuesta declaración de Bien de Interés Cultural que también parece haber quedado para mejor ocasión.

Finalmente el día 1 de octubre se celebró un acto organizado por la CGT en Casas Viejas. Hubo una llamativa ausencia de vecinos. La práctica totalidad de los asistentes eran de fuera. En él se insistió en la necesidad de que se eliminara cualquier relación del negocio hotelero con la matanza o la figura de María Silva y, además, se pidió que se emprendieran las gestiones necesarias para la localización e identificación del cuerpo de ésta última asesinada en el verano de 1936 por los golpistas. Al día siguiente, el diario El País en un artículo, cuya fuente era casi exclusivamente el promotor hotelero, anunciaba que el hotel no se iba a llamar ya ni “Libertaria”, ni “Años Treinta” como figuraba en la fachada, sino “Utopía”. Al igual que la fundación privada no iba a denominarse “Casas Viejas” sino que se insistía en utilizar para ella el nombre de “Libertaria”.

Hasta aquí, un sucinto relato de lo ocurrido hasta el momento en que se escriben estas líneas. Pero el asunto, además, da para una serie de reflexiones que enunciaremos por orden de menor a mayor importancia. Para que alguna vez los últimos sean los primeros.

Hay que decir que el peso de la difusión pública del asunto la ha llevado el periódico El Mundo, al que se considera un rotativo de línea editorial de derechas. En ese sentido, desde el PSOE, y sus círculos cercanos, se ha dicho que todo el eco que se le prestaba tenía como único fin el de atacarles sin que les importara en ningún momento el asunto. Quizás tengan razón. Pero si lo que se quiere decir es que se trata de un enfrentamiento entre una postura reaccionaria y otra de izquierdas, o mejor dicho progresista, la cosa no está ya tan clara. En primer lugar, hay que dar por supuesto que los cargos políticos del PSOE son representantes de la izquierda. En segundo lugar, que quizás por ello, para no entrar en el juego de la derecha, el diario independiente de la mañana El País, en sus ediciones andaluza y nacional, mantuvo un clamoroso silencio hasta el artículo ya citado.

Pero resulta que, si nos detenemos en la posición del Ayuntamiento de Casas Viejas, no sólo hay que alejarse de presupuestos previos sino que los hechos nos dicen que, con los espúreos intereses que sean, ha sido El Mundo el que ha permitido que saliera a la luz un asunto sobre el que parece que tanto los socialistas como el promotor o bien no han reflexionado mucho o, a lo peor, no les parece nada mal. Así, en un periódico local, Reportaje. Edición La Janda, el secretario provincial del PSOE, González Cabaña, declaraba su entusiasmo por el proyecto, no sólo por la economía y la generación de empleo que representaba para su localidad sino por lo que significaba en cuanto a “la recuperación de la memoria histórica”. Es decir, no andaba equivocada la CNT jerezana al rechazar que la memoria fuera un negocio hotelero.

Para qué tantas comisiones interministeriales, o interdepartamentales, tantos homenajes, discretos pero homenajes a fin de cuentas, o financiaciones a proyectos, aunque, eso sí, no a exhumaciones o búsqueda de desaparecidos. Lo importante es que todo pueda convertirse en turismo. Para ello debe mantenerse la ignorancia y olvido. Sobre ellos surgen proyectos como el de “Libertaria” y la utilización de la matanza como reclamo de un negocio. No es ajena a esta situación la reciente destrucción de un lugar de la memoria como era la plaza de toros de Badajoz. La derecha no la hubiera osado tocar, la han hecho quienes parecía que debieran haberse preocupado de su conservación.

Estamos en un impasse en el que vuelve a tomar protagonismo un elemento que ya tuvo un importante papel en 1933: la soberbia del poder. Antes a Azaña y ahora a un empresario y a un destacado dirigente socialista parece que les importa más el “sostenella” que el “enmendalla”. El poder es una droga cuyo consumo nunca satisface y lleva a quien está investido de él a considerar su tarea de representación de lo público como defensa de su posición privada.

Hay un problema, no en Houston, sino en España, en los distintos estamentos oficiales, en el propio palacio de La Moncloa, con la llamada recuperación de la memoria histórica. No sólo será una tarea incompleta hasta que, aparte de los huesos, se exhumen también las ideas de los asesinados. Parece como si ni siquiera se entendieran cuestiones básicas como que no se puede hacer negocio de la memoria. Mientras que sea así, no sólo se contenta al capital, se convierte a la cultura en un mero negocio más, sino que, también, el revisionismo puede respirar tranquilo. No hay peligro. Ni se capta la aberración de asociar matanza y negocio ni el Gobierno sabe qué hacer con la memoria histórica.

* José Luis Gutiérrez Molina es autor de diversos trabajos sobre la historia social y económica de Andalucía. Entre los más recientes recordamos: La tiza, la tinta y la palabra: José Sánchez Rosa, maestro y anarquista andaluz (1864-1936), Sevilla, Tréveris-Libre Pensamiento, 2005, y El nacimiento de una industria. El astillero Vea-Murguía de Cádiz: 1891-1903, Cádiz, Diputación de Cádiz, 2001. Es coautor de El Canal de los Presos (1940-1962). Trabajos forzados: de la represión política a la explotación autonómica (Barcelona, Crítica, 2004).

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