TITE CURET ALONSO: Primoroso Cantar

TITE CURET ALONSO: Primoroso Cantar – TT: Tite Curet Alonso: lovely singer

Elmer Gonzalez

Su nombre es sinónimo de “salsa, ritmo y sabor”. Está catalogado como el más importante compositor que tuvo el movimiento musical salsero en las décadas de los años 70 y los 80. Sin embargo, su obra como compositor no se circunscribe sólo al género salsero. Tiene cientos de piezas enmarcadas en los ritmos de la samba, el vallenato, la bombay otros. Con la evolución sonora y temática de la salsa, otros nombres figuran en los créditos de las piezas que interpretan los cantantes contemporáneos jóvenes. Pero ninguno ha logrado la estatura musical de Curet Alonso quien ha dejado piezas que hoy se consideran como leyendas musicales en el repertorio rítmico del Caribe.

El pasado 9 de noviembre de 1998, llamamos a la residencia de don Tite en el Viejo San Juan con el propósito de tener, a grandes rasgos, una semblanza del compositor. Fue una conversación corta que prometimos continuar en el futuro. Tite tiene la facultad de decir mucho en pocas palabras. Su vida, su obra y sus anécdotas pueden analizarse desde múltiples perspectivas. Sin embargo, en los párrafos que siguen no hay la intención de análisis. Tan sólo una descripción parcial de algunos datos de la vida de don Tite Curet. Vida que demandaría de un libro para cubrir con un mínimo de justicia la suma de sus hechos.

SALI PORQUE SALI

Catalino “Tite” Curet Alonso nació el 12 de febrero de 1926 en Guayama, región de cañaverales y tradiciones musicales y religiosas afroborinqueñas, al sureste de la isla de Puerto Rico. Antes de cumplir los dos años de edad, se mudó con su madre al Barrio Obrero de Santurce, un suburbio de familias de bajos recursos económicos en San Juan.

Fue en ese barrio que Tite recibió las primeras lecciones que moldearon su sensibilidad artística. En las calles y callejones estrechos del Barrio Obrero, cuna de otras figuras cimeras tales como Tito Rodríguez, Gilberto Monroig y Rafael Cortijo; el muchacho aprendió a querer la música. Allí no se perdía los ensayos y las presentaciones de grupos de Bombay Plena, de orquestas bailables y de tríos de voces y guitarras. Asegura haber tenido la niñez más feliz del mundo aún cuando la pobreza, la marginación y el racismo estaban presentes. Al terminar su bachillerato, no pudo asistir a la ceremonia de graduación porque la misma se celebró en el exclusivo salón de bailes “El Escambrón” en donde no se le permitía la entrada por ser negro. Sin embargo, ¡Ese detalle era muy poco para eclipsar la alegría de vivir de Tite!

Desde su residencia en la Avenida Borinquen fue testigo, complice y protagonista de la amalgama emocional y de las circunstancias cotidianas que se manifiestan entre la vida de la gente humilde de los barrios marginados de una típica ciudad caribeña. Esa es su escuela mayor. De ahí le llega la musa para poder describir con ritmo y melodía tantas historias y situaciones del amor en sus diferentes manifestaciones.

Aunque tuvo estudios universitarios en Farmacia, Sociología y Periodismo, Tite valora la educación continua que brinda la calle, donde está “la gente que sabe”. En la actualidad, se le puede encontrar muy seguido en la Plaza de Armas del Viejo San Juan conversando con artesanos, músicos, artistas gráficos y bohemios profesionales de la ciudad capital. A veces se le ve los Domingos en la tarde observando la rumba que se forma frente al local “El Alambique” en el pueblo costero de Loiza. De ese modo, busca y encuentra sus canciones en las vivencias de otros. Esa formación llena de contrastes entre la Universidad y el polvoriento solar donde se toca rumba y bomba puertorriqueña a la sombra de un árbol, le ha brindado a Tite esa capacidad única de componer temas que todo el mundo entiende.

La vena artística la heredó de su padre quien se ganaba la vida como profesor de español en una Universidad y era músico aficionado. Tite estudió teoría musical y solfeo en San Juan con el maestro colombiano Jorge Rubián. Sus primeras canciones, las cuales se perdieron en el olvido, fueron motivadas por los usuales amores en la adolescencia. A partir de 1965, sus canciones comenzaron a figurar por primera vez en el negro acetato de los discos, cuando el cantante Joe Quijano le grabó aquello que decía: “Efectivamente, esa mulata me provoca. Me dice la gente: esa negrona te sofoca. Cuando baila un guaguancó, que sabor en su cintura…” Era la época cuando empezaba a sonar fuerte el Bugalú nuevayorkino. Por lo tanto, este guaguancó guarachero pasó inadvertido para la mayoría de los aficionados a los ritmos afroantillanos. Tres años después, cambió el panorama.

PLANTE BANDERA

Entusiasmado con la faceta de compositor, Curet identificaba de antemano el intérprete idóneo para sus composciones y creaba temas, melodías y ritmos tomando en cuenta las capacidades vocales, y otras variables, de los artistas en el ambiente musical. En 1968, compuso un bolero con la intención de que lo grabara el cantante Roberto Ledesma. Sin embargo, el bolero tuvo otro rumbo. Ese mismo año, Curet Alonso fue contratado por Morris “Pancho Cristal” Pelman para representar en Puerto Rico a la casa disquera TICO. Para esa fecha, Curet ya trabajaba con el servicio de correos de los Estados Unidos en San Juan, labor que realizó durante 37 años.

Trabajar con la disquera Tico, le daba la oportunidad al compositor de tener acceso a varios artistas entre los que se destacaba la cantante cubana Guadalupe Victoria Yoli, conocida simplemente como “La Lupe”, quien formaba parte de la banda de Tito Puente. Así, el bolero” La Tirana” que pudo haber sido para Ledesma, fue a parar a manos de Puente y La Lupe quienes lo grabaron. Así se inició la exitosa carrera internacional de Tite Curet como compositor. A “La Tirana” le siguieron “Puro Teatro”, “Carcajada Final” y una decena de piezas del mismo autor grabadas por Lupe “La Yi Yi, Yi” Yoli.

Con el desarrollo vertiginoso de la empresa disquera Fania en los 70, Curet Alonso se convirtió en el compositor principal del proyecto, sin contratos oficiales de esclusividad, a cargo de suplir con piezas a casi todos los artistas del sello dirigido por Jerry Masucci y Johnny Pacheco. El nombre de Tite Curet era tan común en las carátulas de los discos salseros de la época, como lo era el logo de la Fania. Masucci lo respetaba pues sabía cuán valioso era Tite para suplir la demanda de buenos temas salsosos.

En su libro “La Vida Misma”, Curet opina lo siguiente acerca de Jerry Masucci: “En lo que a mi respecta y concierne, su llegada[la de Jerry] a mi vida fue una bendición. Sin su ayuda cordial, profesional y decisiva no tendría yo un nombre que para los públicos significa prestigio. Palabra que me daba, palabra que cumplía. Opinión que le di, opinión que evaluó y utilizó al máximo… Creo que hallé en él un gran amigo. Uno de esos amigos que no suelen aparecer todos los días en la vida”.

Créame que este testimonio de relación amistosa Curet-Masucci es diametralmente opuesto al que he escuchado de algunos músicos que no lograron niveles de amistad y satisfacción tan elevados mientras trabajaban para el ítalo-americano más salsero de la industria disquera. Como parte de su sagacidad y buen olfato para los negocios, Masucci supo valorar la amistad y el tesoro musical sin reservas del autor de “Anacaona”, “Barrunto”, “Plantación adentro”, “Isadora” y “Marejada Feliz” entre otras cientos de piezas.

MI MUSICA

En su obra musical, Curet Alonso aborda una gran cantidad de temas y situaciones de la vida misma. Diferente a los compositores contemporáneos de salsa que se dedican a explotar y reciclar los fetiches románticos de moda (tu piel, tus ojos, tu boca…), Tite cuenta muchas cosas, siendo el amor el denominador común. Ese amor filial, erótico o patriótico que puede estar presente y ser cómplice de sentimientos de alegría, tristezas, rencores, fracasos, burlas, rivalidad, rechazos y hasta de odio como contraparte.

En “El Libro de la Salsa”, César Miguel Rondón describe la obra de Tite Curet como una en tres categorías: la jocosa, la de contenido social y la amorosa. Tite prefiere integrar esas categorías y resumir sus temas como situaciones de índole social. Al respecto, Lil Rodríguez cita a Curet Alonso: “Se equivoca quien piensa que la canci ón social es la que habla de desigualdad o cambio de sistema. solamente. Canción social es también un tema amoroso que descubra el conflicto de los sentimientos en una sociedad que prácticamente nos castra para amar, o por lo menos lo intenta. Un tema como ‘Piraña’ no queda por debajo de ‘Profesión Esperanza’. Es el hombre el fin último de cada tema que escribe”. Y es que cada canción de Tite es producto de un proceso de reflexión y estudio sobre la conducta humana. Un proceso que se percibe en los personajes o en las emociones expresadas en el tema central, sin dejar afuera la evaluación del estilo y la imagen que proyecta el posible intérprete de la obra. Por eso Tite llegó y llega a tanta gente en diferentes estratas sociales: desde los residentes del lujoso edificio construido por “Juan Albañil” hasta los residentes del humilde barrio “La Perla” en San Juan. El conoce de sus necesidades, intereses, prioridades, frustraciones y estilos de vida. Claro está, a través de sus canciones se nota una predilección por aquellos asuntos que tocan más de cerca a los grupos socio-económicos menos privilegiados.

En ese sentido, su trabajo puede compararse con el de un periódico que es leído con interés por todos los miembros de una comunidad heterogénea. De hecho, el periodismo es la pasión fuerte de Tite Curet Alonso.

PERIODICO DE AYER

Desde la década de los años 40, Curet comenzó a interesarse y a practicar el periodismo. Se inició como periodista deportivo del Diario La Prensa de Nueva York. Su primer tropiezo ocurre en una cartelera de boxeo. Por estar tan cerca del cuadrilatero en la sección reservada a la prensa, fue salpicado por la sangre que brotó del rostro golpeado de uno de los gladiadores. El pausado, simpático y pacifico Tite Curet se convenció que era hora de buscar otro trabajo dentro de la profesión. A partir de ese suceso, se dedicó al periodismo relacionado con el mundo artístico.

“El periodismo me gusta más que la música”, ha dicho el autor de “Tiemblas” y “Temes”. Constantemente repite que le gusta escribir con pocos o ningún adjetivo, característica del periodismo noticioso. Sin lugar a dudas, Curet Alonso muestra su alma de periodista en sus canciones. Sus textos utilizan palabras comunes y sencillas. Establece y desarrolla su temas en pocas palabras abordando lo esencial sin rodeos. Es sucinto. Averigua cosas y luego cuenta historias. Algunos le llaman “el cronista del amor”. No utiliza un estilo poético. Prefiere, como hacia su compositor favorito Pedro Flores, usar lenguaje sencillo sin recurrir a lo que denomina como “ser intelectualista” a la hora de componer.

Si es cierto, como él mismo afirma, que el periodismo es “su mayor pasión”, alguien podría preguntarse por qué Tite no tiene varios libros impresos o por qué no se habla nunca de su obra literaria. Pues Tire ha escrito mucho. ¡Mucho y bueno! El asunto es que tiene la costumbre de ponerle música a sus noticias, reportajes y reflexiones. Como prueba, el autor de “Juanito Alimaña” nos aseguró que tiene alrededor de “mil canciones que se han grabado y otras 1500 inéditas”. Yes que Tite no es sólo un periodista musical. Es también un músico periodista. ¡Y sin remedio!

DE TODAS MANERAS ROSAS

Curet Alonso ha recibido muchos reconocimientos por su trabajo y se ha ganado el cariño y la admiración de miles de personas alrededor del mundo. Sin embargo, no todo es color de rosas y “el gran Tite Curet” no está exento de controversias.

Aunque sea difícil de creer, las principales emisoras salseras de Puerto Rico se han puesto de acuerdo para no difundir ninguna de las canciones del compositor. ¿Se imagina usted una programación de salsa clásica sin “La esencia del guaguancó”, sin “Primoroso cantar”, o sin “El primer montuno”, todas piezas claves de la salsa espesa? Pues eso es así en la radio puertorriqueña en 1998.

La situación surgió en el momento que Curet Alonso registró sus composiciones con la Asociación de Compositores y Editores de Música Latinoamericana (ACEMLA). Esta entidad, al igual que BMI y ASCAP, las entidades norteamericanas que “velan por los intereses” de los compositores, le cobra dinero alas emisoras por pasar la música de sus afiliados. Esto es un asunto de propiedad intelectual que tiene acuerdos legales internacionales. Sin embargo, por intereses económicos, la radio local no está dispuesta a pagar regalías a esta tercera entidad.

La situación no le permite a Tite continuar con la comunicación musical que ha mantenido con su pueblo en los pasados 30 años. De hecho, éste nos comentó que la industria disquera ya no se interesa en grabar sus composiciones “por el temor a que las mismas no puedan ser difundidas a través de la radio puertorriqueña”. Ante esta situación, Tite nos comenta: “Aquel que me hace mal, terminará arrepintiéndose. Yo no voy a tomar represalias. Todavía hay mucha gente que me quiere”, nos dice con un tono de certidumbre.

PA QUE AFINQUEN

Le preguntamos a Tite si continuaba componiendo aún cuando a mermado su presencia en las produciones discográficas en los 90. “Claro que si”, nos responde con entusiasmo y añade: “Esto de componer es un asunto compulsivo. No se puede dejar de hacer”. En la actualidad, compone varias piezas en ritmo de bombay plena para el grupo “Plenabom” que dirige la pintora Norma Salazar, su compañera sentimental.

Don Tite, quien es fanático del jazz, la música clásica y la brasileña, terminó un libro de poemas que aún no se publica, llamado “El Amor y Algo Más”. Trabaja además, en el libro “Rafael Cortijo en Crónica”. A final de 1998, mantiene un prograna semanal en la emisora de radio de la Universidad de Puerto Rico y escribe regularmente en periódicos y revistas locales.

Entre los proyectos musicales está grabar junto a Rubén Blades un disco para niños titulado “La Campana en el Fondo del Mar”. Además, le está proponiendo a Blades y a Wililie Colón que entre los tres graben una segunda parte de la obra discográfica “Siembra” en la cual Curet sería el compositor de algunas piezas. “Hay que aprovechar que Rubén y Willie se reconciliaron y están contetos. Así que veremos a ver”, nos dice y añade: “Mientras tanto, tengo varios Vallenatos que escribí para dárselos a Carlos Vives, cuando aparezca por aquí ese fantasma buena gente”.

BIBLIOGRAFIA

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COPYRIGHT 1999 Latin Beat Magazine

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