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Saxomania: el saxofón latino en el jazz

Saxomania: el saxofón latino en el jazz – TT: Sax-mania: the Latino saxophone in jazz

Luis Tamargo

Cuentan que en la década de los 20 ya existían saxofonistas, tales como Tamaro Valdés y Armando Romeu, que estaban realizando improvisaciones jazzísticas en La Habana. Al popularizarse el formato de jazz band en la isla en los años 30, surgieron una serie de agrupaciones que a menudo fueron dirigidas por saxofonistas, tales como Manuel Castro y el propio Romeu. En 1937, el legendario Gustavo Más (considerado por muchos como el Lester Young cubano) ya estaba tocando con otra jazz band — la Orquesta Casino de la Playa.

Durante las dos décadas siguientes, a medida que intensificó la fusión del jazz y la música cubana, se pudo documentar los aportes valiosos de otros saxofonistas nativos — José “Chombo” Silva, Emilio Peñalver, Rafael “Tata” Palau, etc. Así fué como dichos músicos llegaron a combinar en un solo idioma el fraseo cubano y el del jazz.

En los años 60 y 70 aparecieron un número considerable de colectivos cubanos de alto calibre que contaban con saxos formidables. Me refiero, por ejemplo, al Afrocuba original (dirigido por el talentoso saxofonista habanero Nicolás Reinoso, alias “El Negro Flamenco”) y a Irakere, una agrupación estelar que impulsó la trayectoria profesional de extraordinarios saxofonistas, tales como Paquito D’Rivera, Carlos Averhoff y Germán Velazco. No podemos dejar de mencionar a otros notables saxofonistas cubanos de ayer y de hoy — Pedro Chao, Miguel France, Manuel Valera, Jesús Caunedo, Fernando Acosta, Pérez, Arturo Bonachea, Juan Carlos Acosta, Mario Bauzá, etc.

El saxo tambien ha desempeñado un papel significativo en la música brasileña, particularmente durante la década de los 60, cuando la histórica colaboración discográfica del saxofonista británico Stan Getz y el cantante carioca Jo??o Gilberto (Getz/Gilberto-1964) constituyó el clímax de la expansión internacional de la bossa nova. Muchos ignoran, sin embargo, que diez años antes, otro saxofonista extranjero, el estadounidense Bud Shank, ya había experimentado, junto al cuarteto angelino del guitarrista Laurindo Almeida, con la fusión del cool jazz y varios ritmos brasileños (samba, bai??o, choro, etc.). Por otra parte, Brasil ha producido numerosos saxofonistas creativos que han mezclado imaginativamente el jazz y los ritmos autóctonos. Entre ellos se destaca uno de los principales exponentes del choro — el carioca Paulo Moura, cuya sabiduría musical se extiende a otros géneros (jazz, bossa nova, música clasica samba de gafeira, etc.). Debo agregar los nombres de otros distinguidos saxofonistas brasileños: Moacir Santos, Ivo Perelman, Leo Gandelman, Abel Ferreira, Raul Mascarenhas, Nivaldo Ornellas, Roberto Sion, Mauro Senise, etc.

Claro que Cuba y Brasil no son los únicos paises iberoamericanos que cuentan con una jerarquía de saxofones prominentes. En la República Dominicana, a partir de la introducción del saxo en el formato merenguero, surgió un nucleo de destacados saxofonistas nativos, incluyendo a Chucho Vásquez, Tavito Vásquez y al principal exponente del merengue-jazz: el polifacético Mario Rivera.

Mientras tanto, en la península ibérica, el saxofonista Jorge Pardo ha consolidado distintivamente el nuevo flamenco, añadiendo elementos jazzísticos a dicho idioma musical a través de sus grabaciones con el bajista Carlos Benavent y el pianista Chano Domínguez, entre otros.

Durante las últimas cuatro décadas, un número considerable de saxofonistas latinoamericanos han emigrado a los Estados Unidos, mientras que ciertos saxofonistas norteamericanos han asimilado cabalmente el vocabulario musical latino. A continuación hemos elaborado una breve lista de tales baluartes del jazz latino (en orden alfabético) que habitan en estas comarcas…

Justo Almario — Oriundo de la costa caribeña de Colombia, Almario arribó a los Estados Unidos en 1969 y figuró, durante los años 70, como director musical del grupo de Mongo Santamaría. Tambien ha colaborado con Charles Mingus, Freddie Hubbard, Tania María y muchas otras luminarias del jazz y la música latina. Almario ha residido en Los Angeles, California desde 1982 y su propia producción discográfica incluye media docena de grabaciones que a menudo incorporan una amplia gama de ritmos latinos, desde el mambo cubano y el samba brasileño hasta el pasillo y el vallenato de su tierra natal.

Leandro “Gato” Barbieri — Nacido en Rosario en 1934, Barbieri trabajó con la orquesta porteña de Lalo Schifrin, antes de mudarse a Italia en 1962. Su reputación musical creció extraordinariamente cuando compuso la pista de sonido de Last Tango in Paris (1972). Barbieri gozó de gran popularidad despues de afiliarse al sello A&M en 1976, cuando abandonó sus previos experimentos tercermundistas y se internó en el territorio del jazz-pop. Sin embargo, resulta evidente que el tono inequívoco y turbulento de su saxo tenor fué moldeado en los circulos vanguardistas de los años 60.

Jane Bunnett — Oriunda de Canada, Bunnett penetró el ámbito de la música afrocubana en el CD Spirits of Havana (Messidor, 1992), grabado en La Habana con integrantes de Yoruba Andabo, uno de los prominentes troupes percusivos de la isla. En 1995, Bunnett organizó otra expedición de jazz latino en el CD Rendez-Vous Brazil/Cuba (Justin Time), resaltando el seductor estilo pianístico de Hilario Durán. En su álbum más reciente (Jane Bunnett and the Cuban Piano Masters, World Pacific, 1996), la canadiense despliega su formidable destreza improvisadora, acompañada por tres generaciones de músicos cubanos que investigan una dimensión refrescante de la música insular.

Ronnie Cuber — Nacido en Nueva York en 1941, Cuber estableció su reputación como exponente distintivo del saxo barítono a mediados de los años 60, cuando acompañó al guitarrista George Benson. Su estrecha relación profesional con Eddie Palmieri aportó una indeleble influencia cubana que quedó documentada en el CD The Scene is Clean (Milestone, 1994), una mezcla excelente de la tendencia straight ahead con elementos de blues, funk, y música latina. Además de sus propias grabaciones, Cuber ha colaborado con Aretha Franklin, Mike Maineri, Dr. John y muchas otras figuras musicales.

Paquito D’Rivera — Nacido en La Habana en 1948, D’Rivera formó parte de la Orquesta Cubana de Música Moderna y el germinativo grupo Irakere, antes de revolucionar el panorama del jazz latino en los Estados Unidos, a principios de los años 80, cuando arribó a donde siempre quiso estar, a la cuna del jazz. Lo mas importante es que D’Rivera ha trascendido los confines usuales del jazz latino al revitalizar ciertas expresiones musicales de nuestra América (vals venezolano, choro brasileño, danzas cubanas del siglo IXX, etc.) que se habían convertido practicamente en piezas de museo. Su propia dicografía incluye numerosas grabaciones para los sellos Columbia, Chesky, Messidor, Tropijazz, etc.

Ivo Perelman — Nacido en Sao Paulo hace 35 años, Perelman se estableció en Nueva York en 1990. El tono se su saxo tenor evoca el sonido desapacible de Albert Ayler y Pharoah Sanders. Sus grabaciones como líder ofrecen una clase inusual de jazz brasileño que combina tradiciones percusivas de su tierra natal con la ejecución impresionista y el falsetto cauterizante de su instrumento.

Mario Rivera — Oriundo de la República Dominicana, Rivera inició su carrera profesional en el ambiente rocanrrolero de su tierra natal. En 1961, emigró a Nueva York, donde trabajó con Tito Rodríguez, Eddie Palmieri, Típica ’73 y otros baluartes de la música latina, aunque su ejecución refleja el legado estilístico de John Coltrane y Cannonball Adderly. En décadas recientes, Rivera ha colaborado exitosamente con la United Nation Orchestra del fallecido Dizzy Gillespie, así como con el popular grupo de jazz latino de Tiro Puente. Su reciente grabación como líder (El Comandante, Groovin’ High, 1996) fusiona el jazz con el merengue, y explora las posibilidades rítmicas de la tambora dominicana, resaltando el talento de Rivera en los saxos alto y tenor, la flauta, la trompeta y (por supuesto) la tambora.

David Sánchez — Nacido en Puerto Rico en 1968, Sanchez se estableció en 1988 en Nueva York, donde ha trabajado con Slide Hampton, Dizzy Gillespie, Charlie Sepúlveda y Danilo Pérez, entre otros. A partir de 1994, el joven boricua ha grabado tres discos, al frente de su propio grupo, para el sello Columbia. En relación a su álbum Sketches of Dreams (Columbia, 1995), Bill Kolhasse señaló en el diario L.A. Times que “Sánchez asume una perspectiva panorámica del jazz, vigorizando la tradición urbana con la clase de color percusivo que evoca la manera en que Dizzy Gillespie abrazó los ritmos afrocubanos hace casi 50 años.”

Moacir Santos — Renombrado por su combinación esotérica de jazz y música brasileña, Santos es oriundo de Flores, Pernambuco. Cuando emigró a los Estados Unidos en 1969, Santos dejó atrás una extensa carrera como director orquestal, compositor, arreglista y profesor a cambio de una existencia relativamente inactiva en el sur de California, desde el punto de vista profesional. Sin embargo, Santos ha figurado como mentor de una serie de musicos brasileños en Norteamérica, incluyendo a Flora Purim y Airto Moreira. En la década de los 70, Santos grabó varios elepés fabulosos para los sellos Blue Note y Discovery.

José “Chombo” Silva — Nacido en el pueblo cubano de Baracoa, Silva estudió el violín durante su infancia, antes de concentrarse en el saxo tenor a finales de los años 30. En la década de los 50, Silva trabajó con Benny Moré, Julio Gutierrez, Armando Romeu, etc., y participó en las descargas legendarias que fueron grabadas por el sello Panart. En 1957, Silva arribó a los Estados Unidos, donde inyectó su sabor cubano al ambito jazzístico a través de sus colaboraciones con Cal Tjader. Tambien ha colaborado con Mongo Santamaría, Ray Barretto, Johnny Pacheco y otros exponentes de la música latina en Nueva York.

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